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sábado, 21 de abril de 2018

Casa Lis

La casa Lis es un palacete modernista de Salamanca enclavado sobre la antigua muralla de la ciudad mandado construir por D. Miguel de Lis (1855-1909). El encargado de llevar a cabo este proyecto fue Joaquín de Vargas y Aguirre (1857- 1935), natural de Jerez de la Frontera, que
desembarcó en Salamanca para ocupar la plaza de arquitecto provincial. Don Miguel de Lis era propietario de una fábrica de curtidos que había heredado de su padre y que adaptó a los nuevos sistemas de producción en la última década del siglo XIX. Este próspero negocio le facilitó una desahogada posición económica, de modo que D. Miguel
es, en la época en que construye su nuevo palacio urbano, uno de los cien mayores contribuyentes de Salamanca. Definido como una persona hábil para los negocios y trabajador infatigable, su carácter “moderno” se puede apreciar en la concepción de su nueva vivienda. Las características del solar sobre el que se edificó la Casa Lis (irregular,
enclavado sobre una muralla y con un fuerte desnivel en su lado sur) hubiesen podido ser limitaciones en un primer momento, si bien son resueltas por Joaquín de Vargas de forma magistral. Vargas organiza toda la vivienda en torno a un patio interior que sirve para distribuir las estancias y diseña una fachada construida con hierro y vidrio
siguiendo los preceptos de la arquitectura industrial. Para salvar el desnivel existente hasta llegar al actual paseo del Rector Esperabé, idea una escalera que permite crear unas terrazas ajardinadas y una gruta cubierta de rocalla que aligera el conjunto. El resultado es uno de los pocos ejemplos de arquitectura industrial empleada para uso
residencial, único por su espectacularidad y por la audacia arquitectónica con que Vargas fue capaz de resolver los condicionantes del proyecto.
Pero la Casa Lis reserva una sorpresa más: su fachada norte es uno de los pocos ejemplos de arquitectura modernista que podemos encontrar
en Salamanca. Construida en piedra y ladrillo, destaca su puerta de acceso y el movimiento orgánico de las verjas de hierro de una deliciosa delicadeza Art Nouveau. La construcción de la Casa Lis debió de ser rápida, en 1905 se reconstruye la fachada norte y en 1906 se inaugura la vivienda. En el interior, la casa contaba con habitaciones para el
verano y para el invierno, las primeras en la planta baja y las segundas, en el principal. Entre otras dependencias contaba con despacho, comedores, oratorio, sala de baños con agua fría y caliente, varios salones e invernadero. La vivienda se iluminaba con luz eléctrica y la decoración era de gusto modernista con vidrieras artísticas en la
galería del patio, las puertas y la claraboya de la escalera principal.
En las Exposiciones Universales celebradas en torno al año 1900 se configuró una nueva forma de entender el arte y la vida, al movimiento se le denominó «arte nuevo» con sus distintas denominaciones nacionales. Así en España se denominó como
Modernismo, en Francia Art Nouveau, en Austria Sezessión Vienesa (Secesión de Viena), en Italia Liberty o en Alemania Jugendstil.
Miguel de Lis, industrial del curtido en Salamanca, viajaba con frecuencia por Europa y tuvo ocasión de conocer estos cambios artísticos. A su vez, Joaquín de Vargas, arquitecto jerezano afincado en
Salamanca, conocía el trabajo de los arquitectos modernistas belgas. Del interés de don Miguel y de la disposición de Joaquín de Vargas, arquitecto que a su vez diseñó el Mercado de Abastos, comienza a construirse, a finales del siglo XIX, la casa Lis desde la parte sur hasta el remate final, en 1905, de la fachada norte. La fachada norte, el
acceso por la calle Gibraltar, es la única muestra de modernismo en la ciudad de Salamanca. El conjunto, formado por fachada de dos cuerpos, patio y verja, es de gran sencillez. La primera planta y las verjas están decoradas según las influencias del Art Nouveau belga mientras que la puerta de madera, en un arco bajo, posee motivos
florales y acuáticos y resaltados en relieve. La fachada sur, que da al río y recibe luz la mayor parte del día, es una espectacular combinación de clasicismo y modernidad. Por encima del muro de piedra se sitúan dos galerías de hierro y cristal, en el centro una escalera que se bifurca hacia una gran terraza abierta. El uso del hierro, material constructivo
de la época, tanto en la fachada sur como en el patio central, con matices expresivos aporta un diseño innovador que supera a la función estructural. Ejemplificado en los calados de las enjutas de los arcos del pórtico, en los herrajes de los miradores o en las finas columnas de fundición del taller de Moneo. El patio central consta de galerías
adinteladas apoyadas en columnas de fundición. En el piso inferior destaca la decoración modernista de los estucos de puertas y frisos corridos. En el piso superior de la galería destaca la decoración de los herrajes y la representación de la flor de lis, en honor al apellido de su promotor.
Si bien la concepción inicial del patio, usado el edificio como vivienda familiar, era un patio abierto, en la actualidad este permanece cerrado con una vidriera emplomada realizada por el artista catalán Juan Villaplana según diseño de Manuel Ramos Andrade. En la vidriera prima la utilización de una amplia gama de colores con los que representar el cielo, las nubes, la luna o las estrellas.
La casa Lis, hoy, posee otras vidrieras en ventanas, en las galerías de
la fachada sur, o en el lucernario de la escalera central que dan al edificio una riqueza cromática aún más atrayente y auténtica para su época. En definitiva, las vidrieras son hoy un conjunto más de piezas de arte en el Museo de Art Nouveau y Art Déco.
Actualmente el edificio es la sede del Museo Art Nouveau y Art Déco y
en sus salones y dependencias se exhibe una parte de los fondos donados por D. Manuel Ramos Andrade (1944-1998), anticuario y coleccionista que vio cómo en 1995 la Casa Lis, con un recuperado esplendor, abría de nuevo sus puertas, ésta vez para exponer sus colecciones únicas en España. En la actualidad, una gran vidriera
emplomada, realizada por el taller Villaplana siguiendo diseños de D. Manuel Ramos Andrade, cubre el patio central. Las claraboyas y cerramientos elaborados en el mismo taller han recuperado las vidrieras artísticas que ya engalanaban la vivienda de D. Miguel de Lis en 1906 y la fachada sur, de un delicioso cromatismo, se ha convertido en una de las imágenes más representativas de Salamanca.

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miércoles, 4 de abril de 2018

Fornalutx

Fornaluch (Fornalutx en catalán y oficialmente) es un municipio de la comunidad autónoma de Islas Baleares, España. 
Fornalutx es un pueblo pintoresco y uno de los más visitados de Mallorca, situado dentro del Valle de Sóller, en el centro de la Serra de
Tramuntana. Sus orígenes se remontan a la edad media, resultado de la evolución de una primitiva alquería árabe, como nos lo indican sus calles más antiguas en la parte más alta de Fornalutx, estrechas y con un trazado irregular, presentan pronunciadas pendientes.
Todo Fornalutx constituye un conjunto arquitectónico y paisajístico de gran valor, en muy buen estado de conservación. Las entradas empedradas, la austeridad y la sencillez de las construcciones y de su ornamentación, hacen de las casas de Fornalutx un claro exponente de
las típicas casas de montaña mallorquinas, reflejo de una forma de vida de otros tiempos. Ligada a la agricultura donde la huerta, el cultivo del naranjo y del olivo, fueron el motor de la economía hasta los años sesenta.Aquí han llegado artistas y personajes de otros lugares de
Europa, fascinados por la belleza del paisaje y la forma de vida sencilla de sus habitantes. Algunos de ellos han establecido su residencia definitiva en Fornalutx.
Nada más entrar en Fornalutx encontramos la Casa de la Villa, con
una torre de defensa que data del siglo XVII. La iglesia parroquial es otro de los edificios destacados de Fornalutx, originaria del siglo XIII de estilo gótico, ha sufrido numerosas reformas hasta llegar a su aspecto actual más propio del barroco, con una sola nave, cubierta por una bóveda de medio cañón y capillas laterales.
El arte popular de las tejas pintadas está muy presente en las casas de Fornalutx. Se trata de composiciones de dibujos realizadas entre los siglos XIV y XIX, normalmente de color rojo, sobre un fondo blanco bajo las tejas que salen en la cornisa de las fachadas. Representan
motivos geométricos y vegetales, elementos de la vida cotidiana, figuras antropomórficas y zoomórficas, temas religiosos, inscripciones y hasta refranes. Se utilizaba una técnica sin perspectiva, limitando los dibujos al contorno de los objetos con algunos detalles interiores. A parte
de la función propiamente decorativa, tuvieron una función simbólica, ya que su objetivo era preservar y defender la casa y sus habitantes de las desgracias. Los orígenes de Fornalutx o “Fornalugi”, como se escribe en los documentos antiguos, se inicia desde el mismo momento de la
conquista, siendo antes una alqueria mora. Su denominación deriva de ‘fornal’ o ‘ferreira’, con el sufijo ‘utx’, topónimo mozárabe del sufijo románico ‘ucem’. La historia de Fornalutx ha estado siempre ligada a la de Sóller, pueblo con el que formó un único municipio hasta el año 1837. Fornalutx, puede considerarse como un conjunto de indiscutible interés paisajístico y arquitectónico, así como su entorno. 

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martes, 20 de marzo de 2018

La Santa Campaña

La Santa Compaña es, en la mitología popular de Galicia, una leyenda fantástica sobre una procesión de ánimas o aparecidos que discurre desde las doce de la noche por los términos de una parroquia con el propósito de visitar, o advertir, a todas aquellas casas en las que en breve habrá un óbito, deceso o defunción. Según los escritores Juan
 
R. Cuba, Antonio Reigosa y José Miranda, "la denominación de Santa Compaña es errónea, pese a su fortuna en la literatura, pues la Compaña podrá ser muchas cosas, pero santa, desde luego, no". Solo se la llamaría "santa" como acto apotropaico de defensa supersticiosa y en realidad se trataría de una leyenda pagana antigua que luego
fue superficialmente cristianizada. Algunos de los elementos concurrentes en el mito parecen provenir de la Cacería salvaje o Mesnie Hellequin, un mito de origen germánico muy difundido por toda Europa. La Compaña es la reunión de almas del Purgatorio para un fin determinado. A las doce de la noche se levantan los difuntos,
salen en procesión por la puerta principal, una persona viva va delante con la cruz y el caldero de agua bendita, y no puede, bajo ningún pretexto, volver la cabeza. Cada difunto lleva una luz que no se ve, pero se percibe claramente el olor de la cera que arde. La comitiva
tampoco se ve, pero se percibe el airecillo que produce su paso. El desgraciado director solo puede dispensarse de tan tétrico cometido encontrando a otra persona y entregándole la cruz y el caldero, antes de que haga un círculo en la tierra, con lo cual queda libre de dirigir la compaña. Aunque el aspecto de la Compaña varía según la tradición
de diferentes zonas, la versión más extendida afirma que está formado por una comitiva de almas en pena vestidas con túnicas negras con capucha que vagan durante la noche.
Esta procesión de ánimas forma dos hileras, van envueltas en
sudarios y con los pies descalzos. Al frente de esta compañía fantasmal se encuentra un espectro mayor llamado Estadea. Esta persona viva que precede a la procesión puede ser hombre o mujer, dependiendo de si el patrón de la parroquia es un santo o una santa. También se cree que quien realiza esa "función" no recuerda durante el
día lo ocurrido en el transcurso de la noche, únicamente se podrá reconocer a las personas penadas con este castigo por su extremada delgadez y palidez. Cada noche su luz será más intensa y cada día su palidez irá en aumento. No les permiten descansar ninguna noche, por lo que su salud se va debilitando hasta enfermar sin que nadie sepa las causas de tan misterioso mal. Condenados a vagar noche tras
noche hasta que mueran u otro incauto sea. Caminan emitiendo rezos (casi siempre un rosario) cánticos fúnebres y tocando una pequeña campanilla y a su paso, cesan previamente todo ruido de animales en el bosque: solo se escuchan unas campanas. Los perros anuncian la llegada de la Santa Compaña aullando en forma desmedida y los
gatos huyen despavoridos, realmente asustados. Se dice que no todos los mortales cuentan con la facultad de contemplar la "Compaña". Elisardo Becoña Iglesias, en su obra La Santa Compaña, el Urco y los Muertos explica que según la tradición tan sólo ciertos "dotados" poseen la facultad de verla: solo los niños a quienes el sacerdote, por
error, ha bautizado usando óleo de los difuntos poseen de adultos la facultad de ver la aparición. Otros, no menos creyentes en la leyenda, habrán de conformarse con sentirla, intuirla, etc. Para librarse de la maldición de sumarse a la peregrinación de la Santa Compaña debe dibujarse en el suelo un círculo y entrar en él o bien acostarse boca abajo, o llevar una cruz encima, rezar sin escuchar los cánticos de la Santa Compaña o bien (en última instancia) salir corriendo. 

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lunes, 5 de marzo de 2018

Grazalema

Grazalema es un municipio español de la provincia de Cádiz, Andalucía. Se encuentra enclavado al noreste de la provincia de Cádiz, en la zona de reserva del Parque Natural Sierra de Grazalema, del que lleva su nombre, donde el índice de pluviosidad es el más alto de la mitad sur peninsular, En Grazalema y sus inmediaciones se han
encontrado restos arqueológicos indicadores de una cierta actividad humana durante la prehistoria. Sin embargo y a pesar de los vestigios de varias culturas anteriores, el prólogo histórico del lugar hay que fecharlo en tiempos de la colonización romana del Mediterráneo. Con las legiones de Escipión nació la villa de Lacilbula
en la loma del Clavijo; el nombre de esa población se vincula a la antigua denominación del Guadalete, río Cilbus, y era un recinto fortificado a cuyo alrededor se ubicaron casas residenciales.
Estuvo ocupada por los árabes del año 715, el área cambió su nombre por el de Raisa Iami Suli, "Ciudad de los Banu al-Salim", los
pobladores que habitaron la zona procedentes de Berbería. Luego pasó a ser Ben-salama, "Hijo de Zulema". Por entonces la zona vivía de la agricultura, ganadería y la industria textil. En 1485, llamándose Zagrazalema, fue conquistada por Don Rodrigo Ponce de León y Núñez a favor de los cristianos, que también conquistó en 1485: Archite, Castillo de Aznalmara, Castillo de Cardela, Ubrique, Benaocaz y Villaluenga del Rosario, conocidas todas estas villas incluida Grazalema por "Las Siete Villas".
Finalizada la Guerra de Granada y culminado el proceso histórico de la Reconquista, los Reyes Católicos concedieron a Don Rodrigo Ponce de León y Núñez en diciembre de 1490 el Señorío de las Siete Villas y el I Marquesado de Zahara, en pago por reconquistar "Las Siete Villas" 1485 y la villa de
Zahara de la Sierra 1483. Obtuvo además el Palacio de Marchenilla, como lugar de residencia de caza y sus alrededores por su participación junto a otros caballeros en la guerra que supuso el final del reino nazarí de Granada del rey Boabdil, integrándose por tanto todas estas Villas reconquistadas a la Corona de Castilla.
El 28 de agosto de 1492 tras fallecer Don Rodrigo Ponce de León y Núñez, los Reyes Católicos negociaron con su hija Francisca Ponce de León y Jiménez de la Fuente III Marquesa de Cádiz, IV y última Condesa de Arcos y su esposo (primo) Luis Ponce de León de la Casa de Villagarcia, la supresión y permuta del marquesado y del ducado de Cádiz para adherirlos a la Corona de Castilla, concediendo así la reina de Castilla Isabel I la Católica el 20 de enero de 1493 por elevación del Condado de Arcos, a su primogénito (hijo) Rodrigo Ponce de León y Ponce de León en compensación a I duque de Arcos, II marqués de
Zahara, I Señorío de las Siete Villas, I conde de Casares, IX señor de Marchena y VI Casa de Villagarcia. El origen de la población se remonta a la política de repoblación de las villas reconquistadas por Don Rodrigo Ponce de León y Núñez adheridas a la Corona de Castilla a mediados del siglo XV, por parte del heredero de la Casa de Arcos,

Rodrigo Ponce de León y Ponce de León en 1520. El reparto de la tierra que proclamaba el I duque de Arcos, marcó el origen de la repoblación de la Villa de Grazalema. La situación señorial se prolongó hasta el siglo XVIII, tomando gran auge económico en el siglo XVII gracias a la industria de pañería que producía la famosa manta de Grazalema.
En el siglo XVIII sufrió las consecuencias de la Guerra de la Independencia, que supuso el saqueo y destrucción de los pueblos de la Sierra y la epidemia de peste que afectó a la zona, siendo esta época
cuando surgieron en la serranía los primeros bandoleros, entre ellos el destacado José María El Tempranillo. Ya en el siglo XX, durante la Guerra Civil, numerosas poblaciones entre ellas Grazalema fueron arrasadas, destruyendo muchos de sus monumentos y documentos.

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